
Al visitar un lugar tan fascinante como las Barrancas del Cobre, deben dejarse de lado los conceptos de palabras como enorme, grande y gigante. Al estar frente a ellas, los adjetivos no alcanzan a cubrir lo mismo que la vista. Lo mejor es quedarse expectante y receptivo a vivir algo absolutamente único. Aquí hallará gente amable, piedras e iglesias que le contarán la vieja historia de su pueblo; sentirá el vértigo del viaje a través de sus montañas, túneles y puentes; respirará el aire salvaje de los pinos para finalmente dormir bajo el cielo más estrellado de México y soñar que se es parte de esta tierra bella y bárbara que nunca podrá olvidar.


